08 Mayo 2012

Fiesta del Descubrimiento de la Cruz

El 7 de mayo Jerusalén recuerda la Inventio Crucis… En el lugar donde la tradición sitúa el descubrimiento de la Vera Cruz por parte de Santa Elena en el siglo IV, tiene lugar la celebración de los franciscanos con peregrinos y cristianos locales.

Liturgias

Loading the player...
Embed Code  
Copy the code below and paste it into your blog or website.
<iframe width="640" height="360" src="http://cmc-terrasanta.com/embed/fiesta-del-descubrimiento-de-la-cruz-1926"></iframe>
A comienzos del siglo IV, en el año 327, la madre del emperador romano Constantino llegó como peregrina Palestina, según cuenta Eusebio de Cesarea, A ella, Elena, la tradición cristiana atribuye el redescubrimiento de la Vera Cruz, el madero sobre el que fue crucificado y murió Jesús.
El lugar del descubrimiento era una antigua cisterna abandonada y es hoy el lugar más profundo en el interior de la Basílica del Santo Sepulcro. Se accede a él atravesando la capilla dedicada precisamente a Santa Elena, perteneciente a los armenios. Sin embargo es propiedad de los cristianos latinos la capilla dedicada a la Inventio Crucis, el descubrimiento de la cruz, que en sus paredes luce frescos del siglo XI y —junto al altar— detrás de una pequeña reja se custodia el lugar tradición donde fue encontrada la cruz.

Cada 7 de mayo, aquí se celebra la solemnidad del Inventio Crucis, recuerdo de aquel acontecimiento y una de las fiestas más sentidas por los cristianos de Tierra Santa. Este año fue el ministro general de la Orden de los Frailes Menores el que presidió la celebración en el Santo Sepulcro, en la que participaron los frailes de la Custodia, peregrinos y cristianos locales. El Padre Carballo llevó a la Capella del Encuentro, donde se celebró la misa el relicario que contiene un valioso fragmento del madero de la Cruz.

Al término, la reliquia fue llevada en procesión entorno a la edícula de la Anástasis y acto seguido ofrecida a la devoción de los numerosos fieles.

Símbolo cristiano por excelencia, la cruz es señal de un amor sin medida, “la profunda condescendencia de la divinidad hacia el hombre” de la que habla el beato Juan Pablo II en una de sus encíclicas.

Como recordó el padre Carballo en su homilía, el seguimiento de Cristo nos llama a cargar su propia cruz, de este madero que estamos invitados a contemplar en el recuerdo de su descubrimiento, a pocos pasos del lugar en el que se alzó sobre el Calvario y de la Tumba Vacía.